sábado, 3 de marzo de 2012

MIÉRCOLES 18 DE ABRIL, DENTRO DEL PROGRAMA MIÉRCOLES LITRARIOS, SE LLEVARÁ ACABO LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO "DISPERSIONES. TEXTOS SOBRE LITERATURA JALISCIENSE" (CECA, 2011), DE PEDRO VALDERRAMA VILLANUEVA. ACOMPÁÑANOS

Se les extiende una cordial invitación para que nos acopañe a la presentación del más reciente título de Pedro Valderrama Villanueva que se llevará a cabo el miércoles 18 de abril de 2012, a las 20:30 hrs., dentro de marco de los Miércoles Literarios, en la Capilla Elías Nandino del ExConvento del Carmen, ubicado sobre Avenida Juárez #638, Centro Histórico de Guadalajara, Jalisco.
                                       
La presentación estará a cargo de Artemio González García, Raúl Aceves, Aaron Krile Ponce y el autor.

Algunos datos de los presentadores:

Artemio González García (Arandas, Jalisco, 1933) es poeta, narrador, dramaturgo, ensayista y crítico. Autor de más de una docena de libros de diferentes géneros. Ha dirigido numerosos talleres de literatura en Guadalajara. Fue director de Publicaciones de la Secretaría de Cultura de Jalisco. Entre otras distinciones, ha recibido el Premio Jalisco de Literatura, en 2010.


                                            


Raúl Aceves (Guadalajara, Jalisco, 1951) es poeta, narrador y ensayista. Labora como investigador en el Departamento de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara. Es autor de numersos libros de poesía, aforismos y ensayos, y de antologías sobre poesía.


                                                


Aaron Krile Ponce (Tijuana, Baja California, 1977) es Antropólogo Social por la UAG y fotógrafo. Su trabajo ha sido expuesto en diversos sitios como en el ExConvento del Carmen. Se ha desempeñado en varias instituciones de educación superior en Guadalajara. Es doctorante  en Investigación Educativa Aplicada del ISIDM.


                                                         


Pedro Valderrama Villanueva (Tijuana, Baja California, 1973) es investigador independiente de literatura regional. Es maestro en Estudios de Literatura Mexicana por la Universidad de Guadalajara. Tiene cuatro libros publicados sobre letras jaliscienses. Es profesor en la Universidad de Guadalajara.


                                                         

                                                        Entrada libre. Brindis de honor.
                             Habrá precios especiales en los libros del autor sólo esa noche:
                                      "Dispersiones. Textos sobre literatura jalisciense" $25
                  "El perímetro de la hoja. Las revistas literarias de Guadalajara (1991-2000)" $20
                          La antología "Crítica: ensayos y reseñas, de Arturo Rivas Sainz" $20
                         o llévate los tres libros por sólo $50 (y recibe además un obsequio).
                                                                   

lunes, 5 de diciembre de 2011

Libro más reciente del autor: "Dispersiones. Textos sobre literatura jalisciense" (CECA, 2011). En venta ya en la Librería Retro (interior Plaza Patria, local No. 7) en Ciudad Guzmán, y muy pronto en Guadalajara. Presentación próximamente.



Son pocos los libros en el panorama literario actual de Guadalajara que rescatan el quehacer de escritores jaliscienses; exentando, desde luego, aquellos trabajos dedicados a escritores consagrados como Juan Rulfo o Juan José Arreola, por ejemplo; menos aun son los que se aventuran a explorar la obra de editores e investigadores, como Adalberto Navarro Sánchez, Ernesto Flores, Sara Velasco, Silvia Quezada y Víctor Manuel Pazarín, entre otros.
Ésta es sólo una de las varias aportaciones que se pueden hallar en el presente libro dedicado a la literatura regional que lleva por título Disperiones. Textos sobre literatura jalisciense (CECA, 2011), del ensayista bajacaliforniano, radicado en Guadalajara, Pedro Valderrama Villanueva.
Los textos incluidos en el presente libro son: "Et Caetera: una empresa cultural de Adalberto Navarro Sánchez", "Ernesto Flores y Cóatl (1965-1968)", "La letra y su memoria: la obra de Sara Velasco", "Silvia Quezada: estudiosa de la literatura de Guadalajara", "Agustín Yáñez y una revista olvidada: Occidente", "Hacia una escritura lúdica y rabiosa. Una entrevista con Alejandro Zapa" y "Víctor Manuel Pazarín: editor". Incluye además iconografía de algunas portadas de los libros y revistas abordadas. El diseño editorial fue realizado por Postof. La extensión es de 93 páginas. 

jueves, 10 de noviembre de 2011

Reseña de Gabriel Trujillo Muñoz: "Pedro Valderrama Villanueva: puente literario entre Baja California y Jalisco", publicado en "El Informador" (3 de septiembre de 2006), sobre el libro "Crítica: ensayos y reseñas. Arturo Rivas Sainz" (CECA, 2006)

El ensayista lo mismo que el crítico literario, el historiador de las letras y el biógrafo, tiene como una de sus tareas sustanciales escudriñar en las generaciones anteriores a la suya en búsqueda de espíritus afines a sus afanes escriturales. Cada ensayista indaga en el pasado de su región, país, lengua o cultura, con el propósito de que aquellos que lo precedieron le sirvan como espejo de sus propias investigaciones y propuestas en el campo de la literatura. A veces el reflejo atisbado de otras vidas y otras eras se aproxima a lo que el ensayista, en su propia época, vive o padece, enfrenta o lucha. En otras ocasiones hay un cosmos de diferencia entre el pensamiento de unos y otros, una separación acuciada por cambios ideológicos, estilos de moda o actitudes ante el fenómeno creativo a los contenidos de fondo. El ensayista, en todo caso, puede ver las diferencias y, gracias a la perspectiva que da el tiempo transcurrido, logra valorar lo que sus antecesores en el oficio literario ofrecieron como conciencia del mundo y construcción estilística, como gusto personal o tendencia de la cultura de la que formaron parte.
Tal ha sido la situación con escritores-ensayistas bajacalifornianos que hoy podemos rescatar del olvido para entenderlos a cabalidad, con menos prejuicios y mayor comprensión de sus limitaciones y excelencias. Pienso en autores como José Castanedo, Pedro F. Pérez y Ramírez, Jesús Sansón Flores, Valdemar Jiménez Solís, Rubén Vizcaíno Valencia, Patricio Bayardo, Horst Matthai y, ya más cercanos, Sergio Gómez Montero y Benito Gámez.
Algo parecido le ha pasado a Pedro Valderrama Villanueva, ensayista bajacaliforniano nacido en Tijuana en 1973, pero que vive en Guadalajara, Jalisco, desde 1994. Maestro en estudios de literatura mexicana por la Universidad de Guadalajara, becario del FOECA-Jalisco y colaborador de distintas revistas y suplementos culturales del país, Pedro Valderrama acaba de dar a conocer una antología de textos de Arturo Rivas Sainz, titulada Crítica: ensayos y reseñas (Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 2006), donde nuestro autor reúne una parte significativa de este maestro-jalisciense. Arturo Rivas Sainz (1905-1985) nació en Arandas, Jalisco, y fue mentor de numerosas generaciones de literatos, publicó libros y revistas que promovieron la literatura, el arte y la filosofía en el occidente del país.
En Crítica: ensayos y reseñas, Pedro Valderrama se da a la tarea de mostrar, a los lectores del siglo XXI, a un apasionado por la palabra que fue “incomprendido y sentenciado a un ostracismo total por parte de la mayoría de la comunidad literaria de la capital del país. ¿Los motivos? Pueden ser varios, como el hecho de jamás haber emigrado a la ciudad de México (requisito indispensable, en aquel entonces, para lograr el reconocimiento público)” Sin embargo, a pesar de la ausencia de su nombre en las historias de la literatura mexicana de los últimos tiempos, Valderrama asegura que la escritura de Rivas Sainz “es la muestra de un hacedor de textos que indagó minuciosamente en la obra de diversos escritores”, lo que indica que este ensayista fue un generoso lector de sus contemporáneos, desde López Velarde hasta Juan Rulfo y Enrique González Martínez. 
El empeño de Pedro Valderrama por sacar a la luz la obra ensayística de un predecesor suyo en el Jalisco de la mitad del siglo XX, habla tanto de las virtudes escriturales y conceptuales de Arturo Rivas Sainz como de la disposición abierta a explorar en el pasado regional del propio Valderrama. Yo comparto con el autor de la contraportada del libro, Artemio González, sus palabras de estímulo: “Pese a no ser de Jalisco este inquieto intelectual ha encabezado la vanguardia de los homenajes que merece el maestro Arturo Rivas Sainz. Yo aplaudo su labor y reconozco la valía de su trabajo”. En cierta forma, Valderrama está haciendo una labor encomiable por las letras perdidas de Jalisco. Generosidad: esa es la palabra clave.
¿Cuándo, me pregunto, habrá aquí, en Baja California, otros como él, otros que rescaten nuestro pasado literario y sus héroes olvidados en el polvoso rincón de las bibliotecas públicas y de los cuartos de tiliches? ¿Cuándo, digo, cuándo?
 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

"El perímetro de la hoja, de Pedro Valderrama", texto escrito por Silvia Quezada, incluido en el volumen "El libro de la semana" (Seminario de Cultura Mexicana, 2010)


         

El perímetro de la hoja es el más reciente libro de Pedro Valderrama. Aborda la historia de las revistas literarias del último decenio del siglo XX en la ciudad, investigación que presentó como tesis para obtener el grado de Maestría en Estudios de Literatura Mexicana. Valderrama estructura su libro abordando de forma somera algunos antecedentes de las revistas literarias en México para detenerse con minucia en 15 de ellas, cuya circulación se dio entre 1991 y el año 2000.  
         Para acercarse a su materia de trabajo, el autor decidió hacer uso de la entrevista, género que sabemos riesgoso, porque como es obvio el entrevistado formula sus ideas de tal manera que sólo deja ver aquello que le interesa dar a conocer, de forma singularmente parcial. Aunque observamos el mismo cuestionario para todos, los resultados no son monótonos: Valderrama organiza las respuestas utilizando la técnica de la entrevista estructurada. Los diálogos fueron planeados con base en un cuestionario que permitió valoraciones unificadoras en torno a ideas y modos de actuar al momento de la edición, la publicación y difusión de las revistas.
            A la pregunta: ¿Por qué hacer una revista literaria? la mayoría responde que lo ha hecho para abrirse la posibilidad de publicar el material propio sin que medie el papel de un editor. Así lo expresa Alfredo Gutiérrez, primer director de la revista independiente más trascendental del período, Trashumancia, que logró permanecer durante 30 entregas, entre los años de 1991 y 1997.
            El ambiente en Guadalajara durante los diez años que cubre la investigación tuvo un común denominador, la presencia de los talleres literarios, grupos que hicieron surgir la necesidad de ver en letra de molde los nombres de sus integrantes. De las 15 revistas consideradas, 14 surgieron por iniciativa de grupos de amigos. La única distinta en su génesis y la solitaria que no comparte el carácter independiente es la revista Luvina, perteneciente a la Universidad de Guadalajara, comandada ya por tres directores, hecho significativo que ofrece una sola lectura: permanece la revista, independientemente del equipo que la conforme.
            Al observar los periodos de circulación es natural que nos preguntemos: ¿Cuántas de las 14 revistas independientes continúan? Ninguna. En octubre de 2007 se llevó a cabo el Encuentro de Revistas Literarias Mexicanas en la ciudad de México. La representación de Jalisco se dio por medio de la revista Luvina. Este dato es interesante a la luz de la presentación del libro que hoy nos convoca, porque la periodicidad garante es el talón de Aquiles de las revistas en general.
            El valor de este conjunto cobra ahora, gracias a la investigación de Valderrama, otra perspectiva: ofrece el retrato de una época, sobre todo el de una generación. El perfil de los editores de aquellos años fue inusitado, ya que frisó entre los 20 y 30 años de edad, en su mayoría. Juventud de tinta fresca, sin duda, como la del propio autor, quien nos ofrece un material de primera mano para la historiografía literaria de Jalisco.

Reseña: "Pedro Valderrama mira al pasado en El perímetro de la hoja", por Martín Almádez, publicada en "El Informador",


Un necesario ejemplar se ha sumado a la historiografía literaria de Guadalajara, por obra del investigador Pedro Valderrama Villanueva quien con esmero y precisión da cuenta de las revistas culturales surgidas en la última década del siglo XX en esta ciudad.
El perímetro de la hoja es el título en el que es posible rastrear las características de publicaciones autollamadas independientes y que, en la mayoría de los casos, son vivos retratos, memorias escritas, de generaciones de escritores y agrupaciones artísticas.
En tan solo 98 páginas, el autor ofrece un recuento somero de lo que ha sido el oficio de "revistero" en el Occidente de México de 1909 a 1980, con apoyo de investigaciones previas.
Asimismo, pone en contexto nacional las publicaciones periódicas culturales surgidas en Jalisco, de las cuales salieron grandes escritores y gloriosas obras.
Las revistas de las que Valderrama da cuenta se configuran con la propia voz de sus directores, quienes a su vez describen el momento en el que aparecen sus publicaciones, así como los objetivos que con ellas perseguían.

De entre las más longevas y populares e inscritas en este libro se encuentra Trashumancia, de la que su director, Alfredo Gutiérrez, explica el proceso de cómo un escritor se vuelve editor y, sobre todo, de la falta de proporcionalidad entre los que escriben y los que leen. "El formato obedece a que queríamos que se llevara en la bolsa, ambicionábamos algo creativo y diferente".
El Zahir es otra publicación con la que de acuerdo a su director, José Israel Carranza, se realizó para "darle voz a un grupo e invitar a más amigos" y con la que se perfiló desde Guadalajara una manera de entender y reflexionar la literatura.
El libro de Valderrama incluye un total de 27 revistas, de las cuales, 15 de ellas se muestran en amplitud, apoyadas con entrevistas; las restantes 12, a manera de ficha. De igual forma, el libro ofrece datos imprescindibles sobre las editoriales y los talleres literarios de la misma época.
El gran número de publicaciones periódicas, de talleres literarios, de editoriales, de agrupaciones artísticas y de actos culturales que se vivieron alrededor de lo que se enmarca en este libro, se circunscriben a un periodo más que crítico por el que pasaba la ciudad de Guadalajara y el Estado en general: las explosiones del 22 de abril, en 1992, habían transformado literalmente la realidad -en el orden político, el gobernador era destituido y el alcalde metido en prisión; en el orden social, la ciudad se sacó las entrañas y se contaron más de 200 muertos en las calles; en el orden religioso, apenas un año después, el cardenal fue asesinado en plena luz del día frente a la comunidad internacional-. La comarca cambiaba, de forma drástica e irracional, hasta del color en Palacio de Gobierno y en Presidencia Municipal; ¿por qué el arte y la cultura no debían hacer lo mismo?

lunes, 24 de octubre de 2011

Dos poemas del libro inédito "Abreviaturas"

(I)

Concretamente

el verbo

es suave

y                      al atardecer

se desliza

por sus calles

y avenidas.



(II)


Aquellos puentes

a estas horas

siempre se arrodillan.

domingo, 23 de octubre de 2011

"Un editor jalisciense: Víctor Manuel Pazarín", artículo publicado en el suplemente "La Jirafa", en Ciudad Guzmán, el sábado 29 de agosto de 2011, e incluido posteriormente en una versión más extensa en el libro "Dispersiones. Textos sobre literatira jalisciense" (CECA, 2011)

La vocación por el trabajo de editor no es una aptitud que se presenta comúnmente en la mayoría de los escritores. Jalisco, afortunadamente, ha contado con numerosos difusores de talento, sobre todo durante la segunda mitad del siglo pasado. Figuras centrales como Juan José Arreola, Ernesto Flores, Elías Nandino, Adalberto Navarro Sánchez y Arturo Rivas Sainz son los responsables de difundir algunas de las plumas más importantes durante esta época.
            A partir de la década de 1990, Luis Armenta Malpica (con Mantis editores), Antonio Marts (Paraíso Perdido), Patricia Medina (Literalia), Felipe Ponce (Ediciones Arlequín) y Víctor Manuel Pazarín, conforman un grupo compacto de editores que por medio de un trabajo constante e inteligente, han sido los encargados de dar a conocer nuevos creadores dentro del medio literario de Jalisco    
Víctor Manuel Pazarín (Ciudad Guzmán, Jalisco, 1963), autor de libros como Construcciones (Tierra Adentro, 1994), Retrato a cuatro voces. Arreola y los talleres literarios (Universidad de Guadalajara, 1994) y Arreola, un taller continuo (Ágata, 1995), entre varios más, representa, durante dicha década, uno de los principales editores que inician una nueva etapa de editoriales independiente en Guadalajara.
            Las empresas culturales de la iniciativa de Pazarín son Mala Estrella, la colección Los cuadernos del jabalí, y las revistas literarias Soberbia y Presencias, durante el decenio de 1990, y Éxodos, a partir de 2001.
            Pazarín llega a Guadalajara a mediados de la década de 1980, después de vivir algunos años en Colima y participar en el taller literario de Efrén Rodríguez. Posteriormente a su arribo a Guadalajara, se inscribe al taller de poesía de Ricardo Yánez. Pazarín recuerda este periodo así: “Cuando llego a enterarme de que existían talleres [de poesía en Guadalajara], comienzo a indagar: el de [Raúl] Bañuelos, el de los “nandinitos”, el de Torres Sánchez y otros. Yo venía ese afán chingativo de mis días en Colima, y me dije: “yo no voy a ponerme en manos de cualquiera, necesito creer en su trabajo poético”. Como no tenía dinero ni trabajo, empecé a robarme libros. Cuando, de cierta biblioteca pública me robé uno de sus libros, lo leí y supe que existía el poeta Ricardo Yánez. Me encantó su trabajo y fui con él, eso fue el 6 de enero de 1987”
.
            Posteriormente inicia su labor como periodista en El Occidental, invitado por Francisco Arvizu Hughes, y después en El Financiero. A partir de estas experiencias, Pazarín publica sus primeros artículos y entrevistas. Él señala: “mi gran taller de cuento y periodismo fue El Financiero. En poesía, el [taller] de Ricardo Yánez, a quien considero mi maestro”.
            Influido por uno de los editores más generosos de la segunda mitad del siglo pasado en México, Juan José Arreola, responsable de colecciones imprescindibles como Los Presentes y los Cuadernos del Unicornio, Pazarín ha intentado seguir los pasos de su coterráneo dentro de este ámbito. Víctor Manuel dice: “Siempre estuve muy cercano a lo que hizo Juan José Arreola a lo largo de su vida. Si alguna revista mexicana tuvo una influencia cercana, fue Mester [la revista literaria que dirigió Arreola durante la década de 1960 en la Ciudad
de México]. Mucho del trabajo que yo he realizado ha estado influenciado por él. Su labor como editor, para mí, ha sido muy importante. Los proyector que él realizó, de algún modo, yo quise continuarlos; de hecho, Los cuadernos del jabalí, se llaman así en homenaje a los Cuadernos del Unicornio, los cuales él editó”.
Su primera empresa cultural en Guadalajara, y más duradera, es Mala Estrella (1993-1998); una editorial independiente que da a conocer dos colecciones: La rueda y el alfabeto y El Ser y el Signo. Estas selecciones publicaron 9 y 16 plaquettes, respectivamente. Algunos criterios de la primera colección son: “Publicar sólo primeras obras, con excepción del libro de León Plascencia Ñol y Omar Nava. El financiamiento es a base de tandas con grupo de quince personas, de las cuales a trece se les va a editar; todos aportan una cantidad igual para publicar cada uno de los libros y se les otorga un número determinado de ejemplares como pago. El criterio editorial que siguen es que la obra tenga un nivel de terminación, una madurez, por lo que someten el material a trabajo de taller, que coordina Víctor Manuel Pazarín”.
En cuanto al origen de este proyecto, Pazarín señala: “Guadalupe Ángeles y yo siempre teníamos talleres literarios en nuestra casa. Invariablemente acudían todas las tardes poetas y narradores de la ciudad [de Guadalajara], sin constituir necesariamente un grupo. Intentamos reunir sus materiales en estos volúmenes con una escritura rigurosa que, de algún modo, me parece que lo logramos […] Se me ocurrió el proyectó y me comuniqué con algunos amigos; [éstos] me dieron largas; reuní a amigos de otras partes, declinaron […] conocí a otras personas y fortuitamente se fue conformando  y se hizo la colección La rueda y el alfabeto. Tallereamos. Se logró el concepto. Aunque es una editorial que no le agrada a mucha gente, en el sentido estricto, porque es independiente. Considero que [la colección] tiene una calidad media para arriba, y sobre todo responde a una necesidad personal”. Y por otra parte, Pazarín añade: “Mala Estrella forma parte de un movimiento de ediciones que hay en Guadalajara, que nos hace ver que existen posibilidades de publicación para la gente que está fuera de las mafias locales. Y que, por fin, se empiezan a ver que se yergue, definitivamente, una cultura, al menos editorial, en Guadalajara”.
            La labor editorial durante la década de 1990 de Víctor Manuel Pazarín se ha caracterizado por su afán de crear un espacio alternativo, capaz de proyectar escritores, al menos a nivel regional, por medio de un trabajo editorial sobrio y pulcro, a pesar del medio literario hostil que ha caracterizado Guadalajara, y la ineficacia que muestra, en muchas ocasiones, las instituciones culturales del estado: “Descreo de las instituciones, pues éstas las hacen las personas y el sistema. Soy independiente, por tanto, si yo descreo de muchas personas que regatean la cultura en Guadalajara, pensé: ¿a qué me arrimo? Además, ¿a qué me arrimo con malos escritores? Allí empezó todo”.
            Después de Mala Estrella, Pazarín edita la colección Los cuadernos del jabalí (1995-1998), editada por la Unidad Editorial
del Gobierno de Jalisco, que logra dar a conocer ocho títulos, entre poesía, narrativa y periodismo, de diversos escritores tanto de la localidad como de otros rumbos. Dirige además, durante este periodo, las revistas literarias Soberbia y la hoja de poesía Presencias también en Guadalajara.
En conclusión, la obra editorial del zapotlense representa uno de los trabajos más consistentes e interesantes en el occidente de México durante la década de 1990. Su labor puede calificarse de semillero de nuevos talentos, pues recuérdese que numerosos editores surgen a partir de sus participaciones en los proyectos editoriales y revistas de Pazarín.